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Autonomía8 min de lectura

Por qué nunca llegas a los kilómetros del catálogo

Ninguna ficha técnica miente exactamente. Simplemente mide en condiciones que no se parecen a tu trayecto.

Detalle de suspensión trasera y transmisión de una bicicleta eléctrica

Compras un vehículo que promete 80 kilómetros y en la práctica haces 45. No es necesariamente publicidad engañosa: es que el número del catálogo procede de una medición en condiciones ideales que ningún trayecto real reproduce.

Cómo se obtiene la cifra anunciada

La autonomía máxima suele medirse con el nivel de asistencia más bajo, en llano, sin viento, a temperatura templada, con un ciclista de peso medio y a velocidad constante. Cada una de esas condiciones que se rompe resta kilómetros.

Las cuatro variables que más pesan

1. El nivel de asistencia

Es, con diferencia, la que más manda. Pasar del nivel más bajo al más alto puede reducir la autonomía a la mitad o menos. No es lineal: los niveles altos consumen desproporcionadamente más porque el motor trabaja contra la resistencia aerodinámica, que crece con el cuadrado de la velocidad.

2. El peso total

Cuenta el ciclista, la carga y el propio vehículo. El peso penaliza sobre todo en dos situaciones: en cada arranque desde parado y en cada metro de subida. Un trayecto urbano con muchos semáforos castiga el peso mucho más que un recorrido continuo de la misma distancia.

3. El desnivel

Subir consume energía de forma implacable. Y bajar no la devuelve, salvo que el vehículo tenga frenada regenerativa, que en bicicletas es poco común y recupera poco. Un recorrido con 300 metros de desnivel acumulado no se parece en nada al mismo kilometraje en llano.

4. La temperatura

En frío la batería entrega menos capacidad de forma temporal. Es habitual perder entre un 10 % y un 30 % de autonomía en invierno respecto al mismo trayecto en primavera, sin que la batería se haya deteriorado en absoluto.

Un factor barato y olvidado La presión de los neumáticos. Rodar por debajo de la presión recomendada aumenta la resistencia y puede costar un porcentaje apreciable de autonomía. Es el ajuste más rápido y gratuito que existe.

Cómo estimar tu autonomía real

Un método sencillo: haz tu trayecto habitual con el nivel de asistencia que sueles usar y anota qué porcentaje de batería has consumido. Divide los kilómetros entre ese porcentaje y multiplica por cien. Repítelo tres o cuatro veces en días distintos y quédate con el peor resultado. Ese es tu número, no el del catálogo.

Qué hacer si te quedas corto

Ninguna de estas medidas es espectacular por separado. Juntas suelen recuperar un tercio del recorrido perdido.